viernes, 29 de marzo de 2013

Luz artificial.

Ves la luz al final del túnel. Ese túnel lleno de lágrimas, dolor, sonrisas fingidas, desconfianza, sufrimiento en silencio... Crees que todo esta a punto de acabar. Y corres. Corres lo más rápido que puedes. Te da igual quedarte sin fuerzas, porque piensas que al llegar a esa luz todo será mejor. Estás a punto de llegar. Estiras los dedos y tocas esa luz. Crees que todo acabó. Sonríes. Ya está todo bien. Parece que todo te vuelve a sonreír. Eres capaz de mirarte al espejo. No te odias. Te empiezas a querer. Empiezas a hacer más caso a las cosas buenas y a ignorar todo lo malo. Ya está. Ya no hay que fingir más. Podrás decir 'estoy bien' sin mentir.
Pero no todo es lo que parece. Piensas que todo se ha acabado. Pero no. De repente vuelves a sentirte rota. Esa luz se funde y no se vuelve a encender. ¿Lo peor? Es el no saber ni como estás. Vuelven las ganas de llorar. De desaparecer. Pero tu intentas que no se note. Sonríes. Siempre hay que hacerlo ¿no? A mi, personalmente, no me va eso de ir con cara larga todo el día. Prefiero sonreír y fingir estar genial. Lo de derrumbarme lo dejo para cuando esté sola.